Edades del libro / Ages of the Book

EN
(Texto largo en español abajo)

Last week I participated in the II International Conference Ages of the Book that took place at the Institute of Bibliographical Research at UNAM. The program included luminaries like Robert Darnton who dazzled everyone with his generosity, approachability and clarity (I never expected any less) and Andrew Piper who left everyone, even DHers amazed with his studies on topological reading.

I read my paper on Amaranth Borsuk and Brad Bouse’s Between Page and Screen in Spanish, but the abstract is available in English. I copy it ihere.

Textual Environments. Multimaterialy Beyond and Around Between Page and Screen

In this paper I take Amaranth Borsuk and Brad Bouse’s Between Page and Screen published in 2012 to analyze the notion of multimateriality leading up to the creation not of a book, an artist’s book, or a multimedia object, but of an artifactual emergent textual environment. Between Page and Screen is both a print book and a digital one; thus, as a textual environment, I argue, is characterized by a multiplicity of devices with distinct material interfaces and specific communication structures associated to each one. When coming together, nonetheless, these structures lose their apparent discreteness in order to give way to a particularized textual configuration and the enactment of a provisional reading experience. Between Page and Screen, by proposing a layered reading experience and distinct codifications in which both flesh and blood and machine readers consume and produce different facets of text highlights the fluidity of textual content across material objects yet it is particularized in its objectual configuration.

ES

La semana pasada participé en el II Congreso Internacional Las Edades del Libro celebrado en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM. El programa incluyó a Robert Darnton que nos dejó a todos deslumbrados con su generosidad, sencillez y claridad (nunca esperé menos) y a Andrew Piper que incluso a los humanistas digitales presentes nos sorprendió con su noción sobre lectura topológica.

Yo participé en una de las mesas sobre libro electrónico con la presentación Ambientes textuales: Multimaterialidad más allá y alrededor de Between Page and Screen de Amaranth Borsuk y Brad Bouse que copio abajo.

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Voy a comenzar, como no se debe, ofreciendo una disculpa, porque a pesar de estar en la sección de libro electrónico, de hecho, voy a hablar de un libro impreso, si bien se trata de un libro que no es solamente un libro impreso. Between Page and Screen (BPaS) de Amaranth Borsuk y Brad Bouse fue editado primeramente en una imprenta manual en un reducido tiraje de doce copias y en una segunda edición comercializada por Siglio Press en 2012. Primero que nada quiero tomar un par de minutos para mostrar la obra y el proceso de lectura que implica.

Como podemos ver en este ejemplo, el libro es una instancia cada vez más difícil de conceptualizar en los términos en los que lo hemos venido haciendo durante siglos. Como lo proponen Jessica Pressman y Katherine Hayles en su estudio sobre Medios Textuales Comparados “la diada de libros y pantallas está por ser desplazada [ya que…] nuestras prácticas textuales más comunes están cada vez menos restringidas a un solo dispositivo” (2013: X). Pocos ejemplos denotan la creciente complejidad del libro en el mundo postdigital descrito por Pressman y Hayles como Between Page and Screen pues su lectura incorpora una serie de instrucciones, procesos y medios o dispositivos que difícilmente podemos abordar a partir del binomio libro impreso-libro electrónico e incluso, aunque así lo sugiere su nombre, desde el par página y pantalla. Ejemplos concretos de prácticas textuales contemporáneas como BPaS son cada vez más difíciles de encajonar en una categoría delimitada y nos obligan a pensar en nuevos conceptos aunque sean necesariamente transitorios. La multiplicidad de dispositivos señalada por las críticas estadounidenses y llevada a la práctica por BPaS implica una multiplicidad de posibles configuraciones de la interface de lectura y de posibles formas de interacción con el texto: esto es lo que aquí llamaré multimaterialidad. En esta presentación tomo Between Page and Screen como la base para mi análisis de la multimaterialidad de los textos que llevan a la creación no de un libro, ni de un libro de artista, ni de un objeto multimedia nada más. Por el contrario, por medio del análisis de BPaS, quiero proponer la noción de ambiente textual emergente como uno de estos conceptos transitorios necesarios para abordar fenómenos textuales actuales.

Para hacer esto, me apoyo en tres bases conceptuales. En primer lugar, la noción de texto propuesta por Rita Raley entendido como “el evento entero, su arquitectura física, lógica y conceptual; el montaje y la experiencia; sus estructuras temporales, y sus protocolos sociales asociados” (2013: 21). En segundo lugar, tomo la definición de interface de Lori Emerson como “la tecnología—ya sea un fascículo, una máquina de escribir, la línea de comando o una interface gráfica—que media entre lector y la escritura de autoría humana en la superficie, así como, en el caso de los dispositivos digitales, la escritura que hace la máquina por debajo de la superficie” (2014: X). Y, en tercer lugar, el trabajo de Ulises Carrión para quien, famosamente “un libro es una secuencia de espacios. Cada uno de esos espacios es percibido en un momento diferente: un libro es también una secuencia de momentos” (1975: 37). Sobre estas tres bases propongo la lectura de BPaS como un ambiente textual: un artefacto multimaterial provisional que emerge únicamente a partir de varias interfaces y una configuración material y estética que incluye varias capas de lectura y escritura y provoca prácticas textuales distintivas.

Aunque sus autores lo presentan como un libro, hay muchas otras cualidades que considerar. Las conexiones entre sus componentes materiales y la forma en la que se retroalimentan se resisten a ser divididos: aunque podemos identificar el espacio y el momento que ocupa cada uno, ninguno es por sí solo BPaS. Aunque es del todo imposible separar sus componentes, intentarlo es un ejercicio interesante para revelar su multiplicidad y sus interconexiones. Así, podemos caracterizar BPaS como un libro impreso que se lee en una computadora, a lo que hay que añadirle que hace falta una webcam y acceder a un sitio web desde el que funciona un programa de realidad aumentada (RA). Podemos también invertir esta caracterización y decir que es un sitio web con un aplicación de RA que lee códigos impresos en un libro a través de una webcam. Una tercera opción es decir que es un motor de RA incrustado en un website que se activa cuando se muestran los códigos impresos en un libro a una cámara web. No obstante, la retórica que utilizamos para describirlo conlleva una serie de protocolos asociados a cada medio: como un libro impreso, como un sitio en internet y como una aplicación web. Las expectativas que cada medio provoca en el lector, así como las convenciones ligadas a ellos vacilan de acuerdo con qué objeto nos familiarizamos en primera instancia y se transforman de manera radical cuando los juntamos todos. Para Lisa Gitelman, los medios son “estructuras de comunicación que se realizan socialmente, e incluyen formas tecnológicas y sus protocolos asociados, y en las que la comunicación es una práctica cultural” (2006, 7). Sobre esto, yo arguyo que el ambiente que nos presenta BPaS altera estas estructuras de comunicación al nivel de cada uno de sus dispositivos y promueve una práctica de lectura híper específica a su configuración que son a la vez protocolos tanto web como librescos. Así, ni el libro ni el sitio web, ni la página, ni la pantalla se mantienen como entidades discretas, sino como facetas irrealizadas del ambiente textual que leemos.

Incluso si la instancia de BPaS como codex impreso parece relativamente convencional, su configuración es completamente sui generis: no hay texto en el libro excepto por el aparato editorial—el título, los créditos, los detalles de la edición y las instrucciones—no hay números de página y las páginas están impresas solamente en el lado derecho. Además en lugar de palabras impresas, nos encontramos como ya vimos con una serie de matrices que podemos observar pero no leer. El hecho de que el libro es imposible de leerse por sí solo, remueve muchos, si no todos lo protocolos asociados al medio en el sentido propuesto por Gitelman. La capacidad de leerlo a través de un sitio web en una pantalla, además, transfiere las convenciones del libro a la pantalla y el sitio web donde otros protocolos operan. No obstante, algunas convenciones se mantienen, como el poder dar la vuelta a las páginas, el que existe una primera y una última página y el entendido de que hay una serie de poemas arreglados secuencialmente página por página. La modificación de estos protocolos del libro despierta una curiosidad renovada sobre lo que sí está impreso: las referencias y detalles editoriales como la tipografía utilizada, el lugar de impresión, los agradecimiento y los estatutos legales—es decir la información que con mayor frecuencia escapa la atención de los lectores en un libro que “se lee”. La inclusión necesaria del aparato editorial señala también hasta qué punto BPaS es parte del mundo editorial sin importar que se trate de un libro tan peculiar. Incluso podríamos decir que es este aparato editorial el que ancla BPaS a la categoría de libro más que al resto de su configuración material.

El sitio web, y más específicamente, la computadora conectada a la red necesaria para interactuar con BPaS puede parecernos menos sorprendente—una consecuencia que podemos achacar a cómo se han convertido en repositorios y portales de toda clase de medios, experimentación, contenidos, etc. El sitio web de BPaS tiene los elementos usuales: una página de inicio, un acerca de, un avance, un dónde comprar y una liga con contactos, entre otros. Las diferencias vienen en las secciones de Leer y Ayuda que lidian con el programa de RA que libera los poemas. Fácilmente visto como una herramienta, como si nos pusieramos los lentes de lectura, este aspecto del sitio web de BPaS sobresale como parte de la configuración material del texto. Para muchos, puede parecer que el sitio web tiene un estatus instrumental, pero si lo miramos como un componente material del proyecto, su funcionalidad y su desdoblamiento procesual está lleno de implicaciones significativas. Una de ellas es evidenciar la multimaterialidad del texto o, dicho de otra forma, la realización de que BPaS no se puede leer en o con un dispositivo único.

En la página de “Ayuda” nos encontramos con las instrucciones que enumeran solamente dos de los materiales que se necesitan “1. Una copia del libro o un avance. 2. Una webcam”. Así Borsuk y Bouse parecen esforzarse en abreviar el montaje de lectura—quizá para lograr el efecto sorpresa que causa leer por primera vez BPaS. No obstante, al hacer eso, obvian una serie de sutiles actividades que completan el montaje de la lectura como el hecho de que una página web ya se ha accedido por medio de una computadora conectada al internet, que el lector está frente a una pantalla y ha activado un programa de RA que le permite leer las palabras escondidas en los matrices impresos en el libro. Dependiendo de dónde se enfoque nuestra mirada, aspectos materiales de BPaS saltarán a la vista o permanecerán bajo la superficie de la pantalla, pero aunque no los notemos en primera instancia son parte clave del montaje de la lectura.

Las instrucciones nos conducen en el ambiente poco familiar de BPaS y en ese sentido establecen una ruta clara para configurar el ambiente textual: un ambiente que debemos construir deliberadamente y un conjunto de acciones procesuales también muy intencionales que resultan en la capacidad provisional de leer los poemas. Hasta cierto punto, el guión asignado al lector propone un ambiente con reglas más o menos claras y un objetivo final: leer los poemas. Este proceso parecería sugerir que el contenido escondido y revelado del libro impreso es el aspecto más sobresaliente de BPaS. Yo no estoy de acuerdo. Por maravillosos que sean los dieciséis poemas, éstos pasan a un segundo plano cuando se les mira en la totalidad del proyecto y propongo que lejos de privilegiar uno y otro, la propuesta estética de BPaS yace en la simultaneidad de los procesos de lectura que suceden tanto en la superficie como al fondo de sus interfaces.

Ahora bien, debido a la especificidad de su configuración multimaterial, el montaje de lectura de BPaS adquiere una dimensión temporal y espacial pues el texto no existe ni puede encontrarse en un solo dispositivo, por el contrario, solamente tiene lugar y, de forma provisional, en el proceso de reunir sus componentes materiales. Metafóricamente—pero también materialmente—las animaciones de RA son ilustraciones aptas de la provisionalidad espacial y temporal de BPaS: un movimiento en la dirección equivocada hará que el marcador salga del campo de lectura de la webcam que, a su vez, hará imposible que el programa de RA lo lea y el texto en la pantalla se desperdigará fuera del marco del monitor. En tanto requiere un conjunto de medios materiales y del desarrollo de procesos, el ambiente textual no es para nada transportable ni trasladable a campos de acción compartamentalizados (solamente el libro, solamente el sitio web, solamente la computadora), pero aunque breve y restringido a la configuración de su propio ambiente, el montaje de su lectura es repetible. Los componentes materiales de BPaS están fusionados de forma tan intricada que no pueden existir de forma completamente independiente. La página y la pantalla aludidas en el título constituyen los extremos y, yo argüiría, lo más importante no es solo lo que existe entre ellos, sino más aún lo que sucede a su alrededor y durante su montaje.

El montaje de la experiencia es otro aspecto importante a considerar ya que el ambiente textual de BPaS no es solamente poco familiar, también es incómodo. Dependiendo de las particularidades de la computadora y la webcam que se utilicen, la tarea de sostener el libro frente a la cámara va desde incómoda hasta inconveniente. Difícilmente un defecto de diseño por parte de los autores, la rareza de la experiencia de lectura en un nivel físico también contribuye a poner de manifiesto la configuración multimaterial del proyecto y enfatiza el proceso de mediación. En BPaS no queda ninguna duda que el lector facilita, organiza y es parte de la producción del texto desde el nivel físico. La lectura de BPaS es un esfuerzo tanto de producción como de uso. Además, como ya señalaba al inicio de la presentación, el proceso de leer BPaS no solamente involucra al libro, la pantalla y el lector, sino un conjunto de componentes “oscurecidos” como el procesador de la computadora, la conexión a internet y el motor de RA que funciona atrás del sitio web. Dicho de otra forma, para cuando el lector puede leer las palabras de BPaS un proceso previo de lectura—hecho por una máquina—ya ha sucedido. Este proceso inicial de lectura, propongo, es también parte del ambiente textual, ya que los lectores de carne y hueso ponen las condiciones para que suceda, reciben el resultado y se vuelven a involucrar con él. Lori Emerson ha descrito procesos textuales análogos como “un acto que es al mismo tiempo de lectura y de escritura” (2012: n/p). Este doble movimiento en BPaS aplica tanto para el lector de carne y hueso como para el programa de RA ya que en diferentes momentos cada uno contribuye a la producción y utiliza—o utiliza y produce—distintas momentos y espacios del ambiente textual. Esta doble capa de lectura una vez más desplaza la importancia de los poemas y la deposita en los procesos llevados a cabo dentro el ambiente textual.

El que BPaS requiera una simultaneidad de los distintos dispositivos—electrónicos e impresos—y los distintos procesos—humanos y mecánicos—para su lectura señala la profunda influencia y las interrelaciones que existen entre todos ellos en el mundo postdigital. La conjunción de dispositivos y procesos e incluso la inaccesibilidad de las páginas impresas y del programa de RA para nuestros ojos, además, apuntan a la rareza de nuestra lectura y decodificación alfabética. En estos procesos, la lectura se aleja de la exclusividad del lector de carne y hueso y se distribuye en capas entre, alrededor, y más allá de la página y la pantalla. Los componentes de BPaS no tienen sentido aislados, ni siquiera el montaje de la lectura, sino solo en conjunto como un ambiente textual.

Los distintos medios materiales de BPaS, su configuración espacial y temporal y su montaje de lectura crean una estructura de comunicación específica, o un protocolo que parecería único a este proyecto y es al mismo tiempo familiar en tanto nos recuerda muchas de nuestras prácticas cotidianas y constantes de lectura. Aún así, BPaS mantiene una dimensión de lectura individual al enfatizar su eventualidad y la forma en la que sucede en un espacio específico y dentro de un marco temporal que los lectores realizamos. BPaS es un ejemplo verdadero de la creciente inestabilidad de la noción de libro, así como la de libro electrónico y más aún, la de lector. Al crear un ambiente textual, Borsuk y Bouse no solamente socavan la división entre lo impreso y lo digital, lo textual y lo visual y lo concreto y lo virtual, también demuestran el movimiento constante que toda práctica textual está teniendo hacia la multimaterialidad y estiran al límite las nociones y presuposiciones actuales no solo de lo que el libro puede ser en la actualidad.

Referencias:

BORSUK, AMARANTH and BRAD BOUSE (2012a), Between Page and Screen. Los Angeles and New York: Siglio.
—– (2012b), “Between Page And Screen” Between Page And Screen, Available online: http://www.betweenpageandscreen.com/ [Accessed January 17, 2014].
CARRIÓN, ULISES (1975/2012), El arte nuevo de hacer libros. Juan J Agius (ed.). México, DF: Tumbona and CONACULTA.
EMERSON, LORI —– (2012), “’Reading Writing Interfaces’ Book Project Description”, available online http://loriemerson.net/2012/09/07/reading-writing-interfaces-book-project-description/ [Accessed 1st February, 2014]
—–. (2014), Reading Writing Interfaces: From the Digital to the Bookbound. Minneapolis: University of Minnesota Press.
GITELMAN, LISA (2006), Always Already New: Media, History and the Data of Culture. Cambridge, Mass: MIT Press.
HAYLES, KATHERINE, and JESSICA PRESSMAN (2013), “Introduction”, in Katherine Hayles y Jessica Pressman (eds.), Comparative Textual Media Transforming the Humanities in the Postprint Era. Minneapolis: University of Minnesota Press.
RALEY, RITA (2013), “TXTual Practice”, in Katherine Hayles and Jessica Pressman (eds.), Comparative Textual Media Transforming the Humanities in the Postprint Era. Minneapolis: University of Minnesota Press.

What a story looks like

One of the reasons why I studied literature is, well, because I like reading. My story is everybody’s story: spending childhood days alone and reading instead of playing around. I got my first computer pretty late, I must have been 15 or even 16 years old, and I didn’t have Internet at home until I was 18. So when I think of reading I still largely mean print reading, and perhaps especially, alone reading. That is why the idea of large groups all over the world reading a single story, and in a live fashion over the Internet fascinates me so much so as to write my phd thesis on it.

How a story is built, how it is experienced in our heads has been a concern in literary theory for a long time and, Reader Response theorist, for example, sought to systematize this process. Wolfgang Iser suggested a principle of expectations that are either fulfilled or frustrated, which keeps us advancing through a narrative without forgetting what came before. Others like Norman Holland sought to explain narrative transportation through psychological mechanisms. I always liked reader response theories, precisely because readers were important in them. Authors and books were there, but they weren’t there by themselves anymore.

Because of the way things move around so fast on the Internet, an analogue process seems to be happening. Millions of people are writing and publishing online, but not all of them are getting the company of readers. Why? That’s what I’m trying to find out. For one, not all of them could possibly be good writers; for another, not all of them can be offering the kind of literary/narrative experience that readers are looking for now. What this experience looks like is the other question I’m trying to answer. The good thing is there are some really good examples of stories that people have been more than willing to follow as they develop. Even better is the fact that we are all leaving a huge electronic footprint giving freaks like me a fighting chance at understanding how people come together because of a story, and observe how that story gets built.

Many might be scared of how much their footprints can be followed, but the possibilities granted by them are really wonderful. When it comes to stories, people leaving a trace of reading it will help get an idea of how that story came to be, or continue to happen, for lack of a better expression, outside my head.

What does a story look like? Well, using the ubiquitous network metaphor of our times, I have looked into what Hernán Casciari’s Orsai looks like. It looks a little bit like this:

One ‘chapter’, the shape of the Web magazine where readers can leave their comments on the pieces published:

RevistaWebSmall

Another ‘chapter’. The print magazine, with a surprisingly different structure to the Web version of the “same” magazine:

OrsaiImpresa_Small

Three other ‘chapters’. The blogs readers flock to and in which they tirelessly comment:

Blogs

All of them together. From the last post.

And the story keeps going. That’s the other issue I love, many stories on the internet are not finished yet. They keep moving, forward and backward, and sideways and in every other possible direction. Readers have to keep coming back; they have to keep digging and finding it where it goes. In return authors also have to keep the story going; they have to keep the readers attention.

Now the final question: where are the readers in this story? They are there! Many! and they are very active. This part of the research is becoming the most difficult one, not just because its complexity and scale, but also because using others’ data, even if it’s publicly available is not something institutions like to do. After a long phone call with Western’s ITS during which I explained that I’m a good person and won’t be attacking anybody’s system and there’s no need to ban my computer from the university’s network, I still have to wait for another phone call. I also have to clear out that all of the data will be treated respectfully and with no profit in mind at all (unless you think getting a phd is profitable, but nobody thinks that). I might need some sort of permission from Hernán Casciari as well to avoid ITS people come to get me or Javi.

Once this gets sorted out, something very exciting is going to happen: we will data mine the information of over 200K comments (yes, 200K blog comments!!) on the Editorial Orsai site, and turn them into graphs a bit like these and play around with them to get even the faintest idea of why and how people are so hungry for a story like this.

Language, Questions & Formulas

Language

Today is a day of transition for this blog. It will from now on be written in English. For about two years I have used this place to develop inch by inch my PhD dissertation project. There have been many stages when things seem to point in one direction, and then onto another, and another and so on. Typical dissertation stuff. The problem is, unless you read Spanish all of that will be… well, in Spanish.

So I thought a good way to relaunch this blog (and on the first of the month!) would be to survey it for all the newcomers the turn to this digital lingua franca will, hopefully, bring.

Questions

My dissertation project was born out of my obsession with reading, readers and narrative, and a handful of questions regarding that as they’re relevant in our time: What human needs and skills have made storytelling so crucial throughout history, so much so that storytelling is itself the subject of much storytelling? What makes storytelling so adaptable to whatever media or technological development is current at a given time? Why/how do we get so involved with stories even in — or because of — the supposedly alienating digital media? From there, the project has grown considerably, so in order not to write a very long post I will try to be mathematically abstract and concise — you can blame my recent rediscovery of math through a python course. The idea is to use it as an index to trace back my steps and, in the next few weeks, post again about previously explored topics. Hopefully some ideas will have changed and developed. while others might have been discarded for good.

Formulas

Very succinctly these are the problems I have encountered along the way and some of the places where I’ve looked for answers:

Problem 1. What happens when we read on a neuronal level, what implications for our life that has.

— reading + mind = (theory of mind + neuron recycling) + (social simulation + empathy)

Problem 2. Why read fiction? what we get out of fiction, and how that has been fictionalized too

— reading + fiction = (Don Quixote + Unamuno + et al) + metafiction +- postmodernism

Problem 3. The way ideas such as “book”, “story”, “social”, have changed through time and most relevantly how that seems to end up as new forms of narrative, and new stories

— history of reading = (book history + [the origin of storytelling + sociality]) ** new ways of telling stories

Problem 4. New ways of telling stories are currently being shaped by the new media through which we access/experience said stories

— reading + digital media = (convergence + intermediality) / (immersive fiction + metafiction)

That’s just the theory. After all, it’s been two years. More details on each of the problems will come soon, as well as the case study and the big methodology of analysis.