Primeros avances conceptuales

Con varios días con la cabeza metida en el manual de NLTK y haciendo los ejercicios del libro de texto sigo siendo una neófita total de python y (al final de cualquier cosa de programación). No obstante, los límites y los alcances del NLP (procesamiento de lenguaje natural) hacen que pueda intuir algunas de las cosas que podría analizar en los miles de comentarios de los lectores. Al terminar apenas el primer capítulo de NLTK exploré qué tipo de patrones me puedo encontrar en los comentarios a “ojo pelón” y comencé a idear [idear – una de mis palabras favoritas] formas en las que puedo analizarlos sistemáticamente. Aquí algunos ejemplos (y como siempre quien tenga sugerencias será amplia y públicamente agradecida(o)).

– El número total de lectores de cada pieza y de todas la piezas. Aunque muchos lectores intervienen más de una, dos, tres veces será posible colapsar los duplicados y a la vez contar cuántos comentarios deje cada uno. Esto va a dar una buena idea del tamaño de la comunidad de lectores vs el número de suscriptores a la revista impresa y al número de descargas de las distintas versiones digitales. La organización de comentarios anidados también debe dejar ver cuánto hablan entre sí los lectores. Observar la distribución de la frecuencia de sus intervenciones, también debería permitir ver qué tan constante ha sido la comunidad de lectores, cómo, cuándo y porqué han desaparecido o aparecido algunos si lo empalmamos con momentos álgidos en la trama (sí, uso este término con toda la intención) de Orsai como el cambio de sistema de distribución, la apertura del bar, etc.

– Algo que me ha obsesionado desde que comencé a estudiar Orsai, qué temas despiertan mayor interés en los lectores y en qué medios. Solamente ver que hay piezas con 100 comentarios y otras con 800 o 900 es evidencia suficiente de que hay temáticas poderosas. Una de las entradas de blog que más comentarios ha recibido fue el anuncio de la apertura del bar. Sin duda este momento es un turning point en la trama. Mientras que, como elemento narrativo, es un hito de la historia, no me parece que el asunto sea tan “simple” y ahí entran las preocupaciones metaficcionales. La apertura de un espacio que no sólo permita – sino invite – a la participación en el proyecto, opino, ha despertado algo muy fuerte en los lectores.

– La autoconciencia del proyecto. Qué tan común es que la gente hable tal cual de “la revista”, “el pdf”, “el blog”, “la redacción”, “el comentario #”, y mi favorita “el proyecto”. “Proyecto”, me parece, se ha vuelto el término comodín de Orsai, la huella de su intermedialidad imposible de identificar con uno sólo de sus medios.

– Análisis un poquito más finos sobre por ejemplo: a) el papel de correctores de estilo que asumen los lectores. Su huella identificable: Casciari siempre responde “¡Corregido! b) la longitud de las entradas que a ojo de buen cubero parecen alargarse mientras más se alejan del momento de publicación.

 

Aprender (meta)ficción

Resulta un tanto sorprendente (al menos eso me pareció a mi) la gran cantidad de libros para niños con contenido metaficcional. Como lo presenta Philip Nel en el video de abajo, los aspectos metaficcionales en los libros infantiles vienen en presentaciones muy distintas – temáticas, materiales, visuales, etc.

Metafiction for Children: A User\’s Guide

La recurrencia de contenidos metaficcionales en los libros infantiles, en mi opinión, se debe a que éstos constituyen una especie de manual de lectura, a través de la cual los niños aprenden las convenciones de leer ficción, de qué es la literatura y qué es y cómo se lee un libro. En primera instancia, yo creo, se encuentra la diferencia entre realidad y ficción. El poder distinguir entre realidad y ficción facilitará la aproximación de los niños a un texto (en cualquier medio que se les presente). Diana Sorensen Goodrich plantea el contrato de la ficción, una serie de convenciones que median entre el mundo ficcional y nuestra realidad, como el acuerdo tácito de que nada de lo que suceda en el mundo representado podrá afectar al lector o público. El contrato sencillamente termina cuando cierra el libro, se apaga el televisor, se cierra la cortina del teatro, etc.

Debería parecer curioso que la forma de enseñar esta convención básica para la comprensión de toda historia ficcional se enseñe tan comúnmente a través de textos que desdibujan la diferencia. La metaficción en muchos casos ficcionaliza no sólo a su autor real, sino también a sus lectores de carne y hueso y, al mismo tiempo, desficcionaliza a sus personajes y los hace parecer personas que caminan por el mundo. En este proceso que en primera instancia desdibuja las fronteras entre realidad y ficción, se evidencia la artificialidad, “los trucos” de la ficción. Algunos elementos metaficcionales funcionan a manera de radiografía del texto y ofrecen a los lectores aprendices un guión con el cual naveguen no sólo en el mundo del texto, sino también con el que asuman su papel de lectores. Algunos de estos “papeles” planteados para los lectores de textos metaficcionales pueden ser el de personaje, el de co-autor, el de jugador, el de repositorio del texto, etc.

Ahora bien, convencionalmente, la metaficción en literatura se considera un género, sobre todo posmoderno. Si bien es cierto que recientemente hemos visto muchas obras de metaficción, no sólo en la literatura sino también en el cine (esto es ya casi un cliché) el asunto va mucho muy atrás. Pero ese no es el punto ahora, ya en otro lado he hecho un brevísimo recuento de ejemplos de metaficción en literatura desde el siglo XVI. Lo que me interesa comenzar a explorar a partir de esta entrada es la importancia de la metaficción en nuestros días. Independientemente de sus enraízamiento en el posmodernismo o no, en la actualidad es posible toparse con fenómenos metaficcionales en varios textos y en distintos medios. A partir de áreas de estudio como convergence media, fan communities, remediation, entre otras, yo arguyo que cada vez con mayor frecuencia nos encontramos atraídos a mundos ficcionales, pensamos en ellos, los transformamos, e incluso los habitamos. Textos, algunos de ellos franquicias multimillonarias, han sido convertidos en mundos ficcionales paralelos que, sin embargo, se filtran de muchísimas formas a la vida real y establecen con sus públicos relaciones metaficcionales. El componente afectivo de la relación público-texto determina en buena medida, no sólo el éxito comercial de la franquicia, sino que también asegura su existencia extendida más allá de las páginas, las pantallas, la red. En este nuevo tipo de fenómenos, cualquiera es un aprendiz, cualquiera se encuentra desenmarañando la forma de relacionarse y de experimentar un texto, incluso buscando su lugar en él. No es raro entonces que muchos textos establezcan su mundo y sus términos e inviten a sus públicos a ser parte de ellos.

Orsai y la metaficción

Muchas cosas en la vida se dan por coincidencia. Eso que ni qué. Y ya que aquí se trata de escribir blogs sobre lectura habrá que escribir sobre leer blogs también.

Hará poco menos de un año que por iniciativa de un profesor un montón de personas en el departamento donde estudio volteamos la mirada a Orsai. La propuesta de formar un grupo de diez para pedir un paquete de revistas venía acompañada del vínculo al blog de Hernán Casciari, frontman del proyecto. La respuesta local a la invitación fue tan sorpresiva como la global. No nos agrupamos diez, ni veinte, sino treinta – en un departamento de más o menos cincuenta. Juan Luis, el profesor que lanzó la invitación, comentaba a través de un póster afuera de su oficina y de un blog “algo raro está ocurriendo”, haciendo eco al propio Casciari. Un par de meses después, cuando ya había toneladas de nieve en el piso, llegó Orsai 1 a las puertas de la universidad. Seguimos el ritual de los lectores alrededor del mundo, nos hicimos fotos con la revista, la olimos, la leímos, organizamos una reunión para hablar de los textos, hicimos más fotos. Y lo mismo para el número dos y, espero, también para el número tres que recibimos hace unas semanas.

Suficiente digresión. Al tiempo de preordenar el número 1 me uní a los miles de lectores del blog de Casciari. Al mismo tiempo mi proyecto de investigación sobre lectores de ficción/metaficción y experiencia de lectura comenzó a cocinarse en este blog y fuera de él. Pero hasta hace muy poco comencé a ver que hay mucho que decir sobre la comunidad internacional de lectores de Orsai en cuanto a su experiencia de lectura y a lo que yo quiero llamar la metaficcionalidad del proyecto. Ahí la coincidencia con la que he comenzado esta entrada.

El punto al que quiero llegar es a que el gran éxito de Orsai, creo yo, se debe a la construcción de un mundo rico de metaficcionalidad – es decir, de formas en las que los lectores pueden ser parte del proyecto. Cualquier persona involucrada de alguna forma con Orsai (a travéz del blog, con la revista, en las redes sociales, en la pizzería y ahora en el bar) está implicada realmente – “vive y experimenta” de primera mano alguno o muchos aspectos de Orsai. Incluso, algunos lectores se han vuelto parte material de la revista por medio de tener su nombre y su fotografía impresos en las contraportadas de los números 1 y 2 respectivamente, o bien en entradas y videos del blog.

La intermedialidad de Orsai – digital e impresa – proporciona una experiencia alargada, una forma de inmersión en el proceso de producción y recepción, que comienza cuando uno considera reunir un grupo de 10, hacer el pedido – y el pago – y luego, esperar algunas semanas, recibir, leer, comentar. No obstante, el aspecto físico del proceso se ve salpimentado, más o menos semana a semana, con las actualizaciones, las noticias, los goteos, las reflexiones, etc. que Casciari publica en el blog. La producción de cada número de la revista se lee como una trama a la que constantemente se introducen nuevos personajes (los autores, por ejemplo) y en la que se exploran nuevos territorios. Hay una expectativa extraña también, una especie de “crónica de una publicación anunciada”, en la que con bastante anticipación los lectores sabemos qué vamos a leer e incluso, a veces, ya lo hemos leído online, pero lo hacemos una segunda vez cuando la copia dura (uso el anglicismo deliberadamente) llega en el correo. O visceversa, después de leer la versión impresa husmeamos los pdf’s para ver cómo se ven. Los lugares físicos, la pizzería y, ahora, el bar, bien se podrán volver mecas (toda proporción guardada) del proyecto, rutas obligadas para los lectores haciendo el tour literario. Aún más, Orsai, sus textos y el proyecto, en general, han sido fuente de escritura – desde los varios autores que han accedido a publicar en la revista una vez que la han leído hasta el gran número de entradas de blog que se encuentran por doquier.

Yo no sé, todavía, si la lectura digital o impresa sean experiencias muy distintas entre sí. Pero si me queda claro que, en el caso de Orsai, la experiencia producida por la combinación de ambas construye un universo extendido – en tanto no depende de una geografía particular y en muchas instancias tampoco temporal – pero que sí ofrece el sentido de inmersión y palpabilidad de la que carece, según muchos críticos de la literatura electrónica, la lectura en medios digitales.

Lectura interactiva

Es demasiado común (demasiado para mi gusto), sobre todo en los estudios de los medios digitales, encontrar opiniones que siguen considerando que la lectura es un acto solamente intelectual, no interactiva y que solamente nuestra mente (y, algunos conceden, nuestros ojos) participa en ella. En esta “transacción literaria” parece importar más el autor y su escritura que el lector y su, valga la redundancia, lectura. Hay que conceder, no digo que no, que estudiar lectores es un poco más complejo que estudiar autores si consideramos solamente que cada autor tendrá cientos, si no miles, si no millones de lectores en distintos lugares y tiempos. Pero mucho sucede en una lectura y en la multiplicidad de ellas y ya estuvo bien de hacer como que no. La fenomenología y la teoría de la recepción es una forma de hacerlo, lo mismo las ciencias cognitivas. En estas disciplinas y su aplicación literaria residen algunas de las claves necesarias, según yo, para demostrar la interactividad de la lectura, al menos instancias de ello y, así, su cercanía con otras formas de procesamiento de información.

La publicaciones en línea se han vuelto el yacimiento más fértil para estudiar la interactividad de la lectura. No obstante, en estos estudios la interactividad se enfatiza como una consecuencia del medio en el que se presenta – y que dintingue muchas características de – el texto  y no necesariamente de su lectura. R. Lyle Skains en su artículo “The Shifting Author–Reader Dynamic Online Novel Communities as a Bridge from Print to Digital Literature” hace un recuento muy interesante de las comunidades en línea que han formado los escritores Neil Gaiman y Jasper Fforde y la forma en la que la relación con sus lectores ha tenido influencia en su producción literaria. En el mundo hispano un par de ejemplos muy vigente son los proyectos de Hernán Casciari, la blogonovela Más respeto que soy tu madre que se publicó por entregas digitales al tiempo que iba recibiendo comentarios de lectores y, de otra forma, la comunidad lectora internacional de la revista Orsai, los cuales aún están por estudiarse más a fondo. No obstante, aunque sin duda el medio propicia una forma de interactividad con estos textos, la propención de interactuar con un relato ficcional es de por sí parte del acto de la lectura.

Otro aspecto de la interactividad en línea que rescata Skains son los sitios de fanfiction (fanfiction.net) – es decir los escritos ficcionales creados a partir de una historia que ha inspirado creativamente a sus seguidores a continuarla/complementarla/terminarla etc. No obstante, hay que aclarar que muchos de los escritos de fanfiction están basados en textos impresos. Esto, aunque sea de manera casual, insinúa que la lectura ya sea impresa o digital, en general, tiene este potencial interactivo y creativo.

Finalmente, y aquí lo que más me ha llamado la atención del articulo de Skains es que para ella este tipo de interacción con los textos y los autores constituyen una experiencia metaficcional – en el sentido de comentar y glosar las ficciones leídas. Sin embargo, esto sumado a mi hipótesis de que la metaficción constituye una experiencia de lectura especial, me hace pensar que la lectura debe experimentarse metaficcionalmente para poder explotar su interactividad. Asumo, esto debería abarcar muchos niveles de metaficcionalidad: clubes de lectura, interacción con los autores, escritura y, desde luego la lectura. Los textos metaficcionales, entonces, tematizan la interactividad de los textos tanto en la escritura como en la lectura, incluso bien podrían casi obligar esa interactividad y es por ello que, al leerlos, ofrecen una experiencia más vívida.