El esquema para el análisis de red

Esta semana, finalmente, dejé las teorías un poco de lado. Puse a dormir mi largo capítulo que cual célula está próximo a bipartirse. En vez de poner todo en el mismo saco, un capítulo tratará de narrativa en el contexto de teoría biocultural y el otro de narrativa en nuevos medios e intermedialidad.

El análisis de mi estudio de caso, Orsai, había sido por meses pospuesto. Hacer una base de datos relacional requiere sobre todo paciencia y un esquema lo más claro (im)posible. Con el lab más tranquilo de lo que nunca antes lo había visto, llegó la inspiración, así que empecé haciendo el esquema de análisis que está aquí abajo

Muchos de los términos que manejo son bastante amplios, por ejemplo, género dependiendo del medio en el que se publique la pieza puede referirse a “crónica narrativa” en la Revista o a la sección de “lectores” en el blog de la redacción de la Editorial. Esta clasificación la tomo prestada de la propia editorial y en sí, del sitio web repositorio de (casi) todo Orsai. Sistematizando los datos me he dado cuenta que su clasificación (y reclasificación, porque muchos textos han sido mudados de medio) tiene inconsistencias, lo cual lo hace más interesante todavía. Para organizar eso yo de otra forma voy a usar los temas. Aún dudo si tema será la palabra más adecuada; en sí la idea es de qué se trata algo o a qué se refiere (sobre todo busco cuando una pieza se refiere a otra pieza). Pieza también es poco restrictiva y, en el contexto intermedial de Orsai, se puede referir a una entrada de blog, a un tweet o a cualquiera de los artículos de la revista, incluidas las “entradas” y las “sobremesas”. La idea de no hacer diferencias muy tajantes entre las diferentes piezas es manejarlas en el nivel más básico de algo que se lee sin importar en dónde, en qué o su supuesto rigor literario, periodístico, ortográfico o lo que sea. Por otra parte, aunque también se leen, los comentarios se diferencian de las piezas en que los unos derivan de las otras. X pieza da lugar Y/Z comentarios. Etcétera.

La parte que involucra a los lectores y a sus comentarios va a ser la parte más difícil de sistematizar e introducir en la base de datos. Si consideramos que, en promedio, cada entrada de blog tiene doscientos comentarios y cada artículo de la revista unos sesenta, el número de entradas se multiplica y se multiplica. No sólo eso, dudo si todos los comentarios deben ser considerados como tales o si debe haber una subclasificación de ellos que dejen ver la diferencia entre los “pri”, “segundo”, “top ten” que abren la conversación en el blog y los que proponen, critican y glosan las piezas. Los primeros aunque no aportan mucho contenido, son claros indicadores de la comunidad de lectores y sus hábitos, los segundos tienen más contenido y bien pueden ser aislados buscar realmente una conversación con el autor o con los otros lectores. Tampoco he decidido si deberé clasificarlos como positivos, negativos, neutrales – la discusión se pone muy emocional en Orsai, debo decirles.

Ahora, por si toda la discusión teórica que va a ir antes del análisis de los datos no crea suficientes preguntas, la base de datos (lo puedo ver ya) va a obligar muchas otras. Entre las más obvias (estás las podrán ver desde el esquema) están:

¿Qué temas son los más recurrentes? ¿En qué medio se dan esos temas?

¿Qué piezas o qué género de piezas producen más comentarios? ¿Qué tipo de comentarios?

¿Qué tipo de conversación se da? ¿Lector/Autor? ¿Lector/Lector? ¿Cuántos lectores realmente están activos en la comunidad de Orsai?

¿Cuál ha sido el desarrollo de la comunidad? ¿Es más internacional, más local? ¿Ha ido cambiando con el tiempo?

Y finalmente ver si se comprueba mi (hipó)tesis de qué el éxito de Orsai es la construcción de su propia mitología a través de elementos metaficcionales presentes en distintos medios.

Continuará… (por varios meses)

No puedo dejar de leer o los peligros de leer psicología cognitiva de la lectura

Esta mañana descubrí algo: no puedo dejar de leer. La historia fue así. Despierta desde temprano salí a caminar con la perra, contesté correos, eché un vistazo a los encabezados de los periódicos, a facebook, claro. Con el pretexto del día internacional de la mujer, en el NYT encontré una sección, casi una antología, de artículos dedicados a varios temas al rededor de la figura femenina. Algunos me llamaron la atención pero decidí dejarlos para después de regresar del gimnasio. Todo bien. Sin apagar todavía la computadora me amarré las agujetas de los tenis y, en eso, mis ojos se dirigieron al texto del artículo. Antes de siquiera notarlo ya había leído más de la mitad. Leo este y ya – pensé. Regresé al índice de la sección ya poniéndome la chaqueta, lista para salir. Leí la mitad de otro artículo, de verdad sin hacerlo consciente y, entonces, ya a propósito y con toda saña, cerré la computadora, tomé mis llaves y salí.

Eso explica muchas cosas – pensé esperando el autobús unos minutos: constantes revisiones y reescrituras de mi trabajo, de las entradas de los blogs, la compulsión (con la que me peleó todos los días) de introducir notas parentéticas cada dos oraciones (autoironía), por supuesto el que de las primeras cosas que hago en la mañana es tomar un libro y ponerlo junto a mi y (una de mis facetas más autointrigantes), el que cuando me quedo dormida leyendo, en mis sueños sigo oyendo la voz narrativa, argumentativa o lo que sea-iva, a veces con coherencia, a veces, definitivamente no. Incluso, todavía lo estoy pensando, la forma en la que busco las casualidades y causalidades de la vida y pienso en las simultaneidades, como un trama entretejida a lo largo de páginas (o días o semanas). La agencialidad lo llama Brian Boyd – el ver un porqué y/o una voluntad que explica lo que pasa a nuestro alrededor, y que es algo así como el resultado de alguna parte profunda de nuestro cerebro que favorece la narratividad y la permanencia de las religiones.

¿Será acaso que leer mucho hace más narrativas nuestras mentes? Así como convencionalmente se dirá que los matemáticos son más lógicos y los científicos más escépticos. Y si sí, ¿qué quiere decir que seamos más narrativos? ¿que vemos los sucesos del mundo en una serie de relaciones especiales – como explicarnos a nosotros mismos (sin evidencia, además) por qué el camión de la basura no se llevó nuestra basura? ¿que otorgamos mayor significado a ciertos objetos hasta el punto de volverlos “motivos” de algo – como la llamada que alguien no nos regresó y la moneda de $1 que nos encontramos en el parque? ¡La epifanía y sus muchas preguntas! ¡La duda de la claridad!

¡Ah, la sesión de terapia! ¡que ya sea el próximo martes!