Temas vs etiquetas

Finalmente, después de semanas de posponerlo me decidí a comenzar con el análisis temático de las piezas de Orsai. Esto implica dos cosas: releer los primeros 6 números y finalmente darme el tiempo de leer 7 y 8. La meta es leer y categorizar los 8 en dos semanas,  es decir, intentaré que no pase de tres; y desarrollar la lista de temas, categorías o como finalmente, me he decido a llamarlos, etiquetas. Más adelante lidiaré con los blogs… ¿Por qué el cambio? Primero, porque “tema” – como ya me lo había estado temiendo desde hace un par de entradas – es un término conflictivo que parece algo inflexible y determinante, incluso poco multiplicable. El riesgo era terminar con un tema por pieza. Por eso he optado por buscar menciones, motivos, ideas que más fácilmente recurran a lo largo de las ya casi 500 piezas que tengo en la base de datos. La idea de etiquetas, por otra parte, parece algo más provisional y manejable; no obstante, el punto sigue siendo ver la variabilidad/recurrencia temática expresada en términos menos monolíticos. Las piezas son muy diversas y, por ello, que intriga ver en qué momentos se tocan – tengo mis hipótesis, claro.

Los primeros experimentos con esto funcionaron a medias y me veo ya haciendo cambios a diario. Tengo, por ejemplo tres etiquetas llamadas “Orsai algo”. Por ahora queda muy claro cuál es cuál, pero cuando haya hecho más, lo sé, terminarán sobreponiéndose. Y la de “relación distribuidor-lector lector-lector” lo sé ya, es muy amplia y necesita partirse en dos.

Una sorpresa fue que en las primeras 3-4 piezas surgieron 8-9 de las etiquetas de la lista y, más sorpresa aún, que fueron aplicables para las primeras 15 (hasta ahí voy). Así que, ¿qué es lo que voy viendo, poco a poco? 1) El aparato “meta” está más presente en las piezas de autor (es decir, no la parte editorial: las entradas y las sobremesas) de lo que pensaba. 2) El resultado de esto, es que la separación drástica entre “aparato editorial” y “aparato autorial”, que era muy clara en la medusa, podría desaparecer o, al menos, desvanecerse considerablemente. 3)Es posible que surjan patrones temáticos en cada número, lo cual no es una estrategia abierta de la publicación (no hay issues especiales de nada, supuestamente) y será interesante teorizar las razones de esto si es que es el caso.

En otros temas: Hernán Casciari acaba de anunciar que en el último número de este año, el número 10, incluirá un número de páginas con las fotografías de todos y cada uno de los 5000 suscriptores del 2012. A diferencia del año pasado, durante este 2012, la presencia de los lectores en la publicación impresa había estado manifestada en las “Cartas al director”, pero no en imagen. Me parece un regreso muy acertado a una de las licencias editoriales que, en mi opinión, ayudaron a tejer tan estrechamente la comunidad de lectores que sigue manteniendo el proyecto a movimiento. Ya me las arreglaré para etiquetar esa sección.

Primeros avances conceptuales

Con varios días con la cabeza metida en el manual de NLTK y haciendo los ejercicios del libro de texto sigo siendo una neófita total de python y (al final de cualquier cosa de programación). No obstante, los límites y los alcances del NLP (procesamiento de lenguaje natural) hacen que pueda intuir algunas de las cosas que podría analizar en los miles de comentarios de los lectores. Al terminar apenas el primer capítulo de NLTK exploré qué tipo de patrones me puedo encontrar en los comentarios a “ojo pelón” y comencé a idear [idear – una de mis palabras favoritas] formas en las que puedo analizarlos sistemáticamente. Aquí algunos ejemplos (y como siempre quien tenga sugerencias será amplia y públicamente agradecida(o)).

– El número total de lectores de cada pieza y de todas la piezas. Aunque muchos lectores intervienen más de una, dos, tres veces será posible colapsar los duplicados y a la vez contar cuántos comentarios deje cada uno. Esto va a dar una buena idea del tamaño de la comunidad de lectores vs el número de suscriptores a la revista impresa y al número de descargas de las distintas versiones digitales. La organización de comentarios anidados también debe dejar ver cuánto hablan entre sí los lectores. Observar la distribución de la frecuencia de sus intervenciones, también debería permitir ver qué tan constante ha sido la comunidad de lectores, cómo, cuándo y porqué han desaparecido o aparecido algunos si lo empalmamos con momentos álgidos en la trama (sí, uso este término con toda la intención) de Orsai como el cambio de sistema de distribución, la apertura del bar, etc.

– Algo que me ha obsesionado desde que comencé a estudiar Orsai, qué temas despiertan mayor interés en los lectores y en qué medios. Solamente ver que hay piezas con 100 comentarios y otras con 800 o 900 es evidencia suficiente de que hay temáticas poderosas. Una de las entradas de blog que más comentarios ha recibido fue el anuncio de la apertura del bar. Sin duda este momento es un turning point en la trama. Mientras que, como elemento narrativo, es un hito de la historia, no me parece que el asunto sea tan “simple” y ahí entran las preocupaciones metaficcionales. La apertura de un espacio que no sólo permita – sino invite – a la participación en el proyecto, opino, ha despertado algo muy fuerte en los lectores.

– La autoconciencia del proyecto. Qué tan común es que la gente hable tal cual de “la revista”, “el pdf”, “el blog”, “la redacción”, “el comentario #”, y mi favorita “el proyecto”. “Proyecto”, me parece, se ha vuelto el término comodín de Orsai, la huella de su intermedialidad imposible de identificar con uno sólo de sus medios.

– Análisis un poquito más finos sobre por ejemplo: a) el papel de correctores de estilo que asumen los lectores. Su huella identificable: Casciari siempre responde “¡Corregido! b) la longitud de las entradas que a ojo de buen cubero parecen alargarse mientras más se alejan del momento de publicación.

 

Intermedial narratives

For a very long period of time, certainly since before the development of the printing press, literary narrative has been closely associated with the world of the written word. Prejudices about memory, preservation, civilization and improvement, like those voiced by Walter Ong in Orality and Literacy, have led to an unnecessary antagonism between, for example, oral and written narratives. Furthermore, concerns about the end of the book, and the loss of deep reading and attention have also been part of the academic rejection that narratives in visual and digital narratives have suffered.

Increasingly, and thanks to the efforts of various scholars, it is becoming clear that narrative occupies a central place in people’s lives. Narrative broadly speaking, as Mark Turner points out, is a key mental process through which people makes sense of the world. Seen in this light narrative is not necessarily literary, “[a]lthough literary texts might be special, the instruments of thought used to invent and interpret them are basic to everyday thought” (Mind 7). For Brian Boyd, who takes narrative to the aesthetic and literary sphere, storytelling is part of our evolutionary history, the way non-genetical information is passed on to younger generations but also an apparatus encouraging sociality, cooperation, attention and ultimately survival. Viewed in this light, narrative and storytelling need not (and will not) be tied to any particular medium. On the contrary, every new medium will necessarily provide a fresh environment ready to be filled with stories.

The explosion in availability of web 2.0 media is proving to be a laboratory for the flourishing of narratives. New platforms appear constantly and become readily adopted by a myriad of users. Literally millions of new stories are told every day on blogging and microblogging sites. Authors have become present in social networks and other digital platforms in order to interact with their audiences and, in return, audiences have engaged more personally not just with the authors and other readers, but also with the stories they follow. Furthermore, stories have stopped being contained in just one medium. Authors are increasingly building their stories through the use of several media whether digital or analogue. The result of this process is what I call an intermedial text. This kind of text is really a collection of texts constituting a larger narrative. Although this seems to imply a degree of narrative fragmentation, content that exists in a single medium might stand on their own, frame, repeat or complement content from other media. Although this poses an aggregate set of work and skills for authors, readers’ level of involvement is amplified. In this kind of texts, readers face the task not only of grasping the narrative on a fenomenological or cognitive level as it usually happens, but also of, literally, finding its parts and pieces and shaping the larger story from them.

Intermedial narrative, which is comparable to convergence media as proposed by Henry Jenkins, is by no means new. The most famous examples of intermedial narrative are movie and TV franchises such as Lost and The Matrix. The business and entertainment side of intermedial narratives have often be used to question its cultural value. Nevertheless, the evident appeal they hold for their audience – who cannot be considered mere consumers – makes it impossible to ignore them. Moreover, it is pressing to begin understanding the mechanisms at play that make these narratives so personally engaging to their readers, and the common set of skills they tap into and/or develop. We might be facing a change of paradigm regarding what deep reading means leaning towards a deep involvement with the stories.