Una simulación de la experiencia social

Hoy es tiempo de hablar un poco sobre una serie de estudios de psicología muy emocionantes que abordan la lectura de ficción. Los autores son investigadores de la Universidad de York, Raymond Mar y, de la Universidad de Toronto, Keith Oatley y sentaron las bases de lo que desde el 2008 ha sido su línea de investigación en un artículo titulado “The Function of Fiction is the Abstraction and Simulation of Social Experience”.  En su texto, los autores insisten en la necesidad de dejar de considerar la ficción como mera fuente de entretenimiento sin ninguna otra función. Además, los autores buscan proponer que la ficción no solamente tiene elementos empíricos sino que, además, puede ser tierra fértil de datos.

A grandes rasgos, la intención de los autores ha sido demostrar que la ficción, al ser una simulación de las experiencias sociales, tiene la capacidad de aumentar sentimientos de empatía e inferencia social. Para esto han desarrollado y reutilizado una serie de experimentos (tasks) y recurrido a más de cien voluntarios para realizar cada uno de ellos. Lo más interesante de su planteamiento, al menos lo que más me ha interesado a mi, es la idea de que a través de la lectura se adquiere un aprendizaje experiencial. Dicho vulgarmente, si leemos literatura sí escarmentamos en cabeza ajena.

Maravillada pensé en las bondades de que otras disciplinas reconozcan (¿?) promuevan (¿?) defiendan (¿?) el hecho de que la literatura es útil, sobre todo si son disciplinas mejor paradas en el sistema universitario norteamericano que los mismos estudios literarios. Pero después de unos días comencé a preguntarme si, de hecho, cuando los autores hablan de ficción o de literatura narrativa, yo entiendo lo mismo que ellos. Jerome Kagan estaría de acuerdo conmigo en que no. Incluso dudé que ofrecieran una definición, entonces regresé al artículo y sí, ahí estaba.

Antes de explicar sus experimentos y sus resultados, Mar y Oatley primero consideran necesario ofrecer una definición de ficción. Una que toman prestada de otros investigadores es, “narratives include a series of causally linked events that unfold over time”, que los mismos Mar y Oatley reconocen, no logra transmitir cómo se experimenta una historia, incluso si, como lo hacen, se combina con la idea de principio, mitad y final proveniente de la Poética de Aristóteles. Otra más que plantean y que parecen adoptar es:

Perhaps it is not how a text is structured that really defines narrative, but its content and our responses to this content. A prototypical- content approach, rather than a categorical-structure approach, could thus provide greater utility. From this perspective, consistency can be found in what narrative fiction is about: autonomous intentional agents and their interactions

Y sí, aquí se pusieron difíciles las cosas, pues dejar de lado cuestiones textuales es algo que a muchos estudiosos de literatura puede parecernos una omisión importante ya que estoy segura a muchos como a mi nos enseñaron que forma es contenido y contenido es forma. Hasta cierto punto podemos (yo puedo) estar de acuerdo en que toda ficción trata de agentes autónomos intencionales y sus interacciones y que, como dicen al principio, la ficción es una simulación del mundo social. Pero no podemos (yo no puedo) pasar por alto que hacen falta calificar ampliamente esa definición e incluir aspectos como intención del autor, tono de la narrativa, perspectivas del narrador, de los personajes, de los lectores, género, etc. Todo lo cual determina, precisamente, nuestra experiencia con una historia ficcional y, por lo tanto, la forma en la que aprendemos algo de ella o no. Es decir, una narrativa ficcional no es una abstracción aleatoria del mundo social, sino que es creada y esta aritificiocidad debe ser tomada en cuenta en nuestra experiencia de una lectura. Y no voy a meterme ahora con qué están considerando narrativa literaria o ficción.

Si como los mismos autores declaran, su intención es postular “what readers acquire from reading literary fiction and the nature of their experience while reading”, ¿no sería necesario, en especial para el último punto considerar elementos del texto e, incluso, características del libro físico? Yo tengo que decir que sí, pero en ánimo multidisciplinario puedo reconocer que mantener bajo control una serie tan larga de variantes en un solo setting experimental tal vez haría imposible el trabajo, tal vez hagan falta tasks y experimentos que se enfoquen en cada una de esas variantes.

Lo que sí me queda muy claro, después de leer los artículos de este grupo de investigación es que ellos han adoptado y adaptado conceptos y nociones provenientes de los estudios literarios y han obtenido resultados muy iluminadores para ambos campos, como las implicaciones del hecho de leer ficción para la negociación de problemas actuales como la reducción de los prejuicios, la mejora de las aptitudes sociales, etc. El diálogo parece abierto y me pregunto, si ellos usan literatura para explicar sucesos psicológicos, por qué no podríamos hacer estudios psicológicos (ish) que expliquen aspectos literarios.