Where is the story?

A lot of research has gone in the past few weeks into the blog aspect of Orsai. Although part of my argument consists of characterizing the project as an intermedial text, it is important to remember that it started off as a blog, a personal blog actually, and the blog aspects of it continue to be fundamental to the whole. The questions I’ve been asking myself then are what makes a blog different from an intermedial text? Is it really different? In what way? The usual. In order to answer that, I have to go back in Orsai’s history.

Orsai’s birth as a blog has a long and interesting story. In the early to mid 2000’s, Hernán Casciari produced a series of blog fictions such as Weblog de una mujer gorda, El diario de Letizia Ortiz, among others. The success of these varied, being Weblog the una mujer gorda the one who enjoyed a bigger readership because of its interactive live textuality and development. For about two years, Casciari wrote Mirta Bertotti’s diary where the story of her family interwove with the arrival of new technologies to their household and the recent history of Argentina. Fittingly, Weblog de una mujer gorda can be seen as Orsai’s “mother”. For about half a decade and while involved in his other blog narrative projects, Casciari kept Orsai a personal blog, one in which everything went: short stories, rants, personal happenings, and whatnot. Then came 2010 when the larger Orsai project started gestating first, “just” as a print magazine, then a publishing house, then a bar, now the publishing house is becoming interactive. Less than a year ago, the blog migrated from bitacoras.com into a new “pan-Orsai site and became many blogs to separate the focus of the content into a blog (as Casciari’s personal diary-bucket), redacción (where the magazine dealings are discussed) and bar (where the bar chronicles go). Increasingly, the narrative of the project has become more and more atomized.

Now, the texture of blogging and its uses might be seen already as a convergent one. The amount and variety of contents and media blogs are known to include — text, video, pictures, audio — is something we’ve come to take for granted. No question there. Also, we’ve assumed that there is a lot of leaking from blogs into other digital spheres such as social media, email, and analogue such as print publishing and live meetings. No question there either. But these two things are actually pretty different, almost contrary to each other. On the one hand is the flexibility of blogs to encase other types of content/media, the other is its susceptibility to spread outside of its digital covers. These are two very different movements. I believe, they are the key to my questions. In Convergence Culture, Henry Jenkins argues that convergence is not the “process of bringing together multiple media functions within the same devices”, the way it happens in blogs if we characterize them as devices. For example, whereas Casciari’s other blog narratives where contained in the blog and there might have been some “spilling” off the screen (Weblog de una mujer gorda was later published in print and adapted to theatre) all of it pointed in the direction of the blog as both its source and target.

In Orsai, the story is quite different and more in tune with what Jenkins proposes as convergence —“the flow of content across multiple media platforms”. In many ways, through these two years, the blog has remained the headquarters of the project, where only a portion of the stories are told, while the rest is narrated in other media or “simply” takes place at the bar. The constant narrative of the project makes all of the different media platforms (blogs, blog commentsmagazinebar) stay cohesive. Although in a historical way, the narrative of Orsai can be traced back to the original blog, ever since the inclusion of the print and location platforms, the story not only happens elsewhere, it also gets told elsewhere. The idea of following a story in Orsai becomes literal and to a large extent actual. The narrative is the thread uniting the diverse media components along which readers collect the story.

As opposed to a blog narrative in which the story is made up, by means of different media, within the blog; an intermedial text can be characterized as both the sum and the parts of the story made up also of different media but spread out in various platforms. The role of the reader is key to my characterization of intermedial text. In a blog narrative, the organization of the content is largely put together by an author, it might later on be complemented by the social interactions common in blogs, but readers need not go anywhere else to get the story. On the other hand, in an intermedial text, such as Orsai, the blog might be a meeting point, but the content is collected by readers there and anywhere they might find it. Then they make up the story from what they get.

Temas vs etiquetas

Finalmente, después de semanas de posponerlo me decidí a comenzar con el análisis temático de las piezas de Orsai. Esto implica dos cosas: releer los primeros 6 números y finalmente darme el tiempo de leer 7 y 8. La meta es leer y categorizar los 8 en dos semanas,  es decir, intentaré que no pase de tres; y desarrollar la lista de temas, categorías o como finalmente, me he decido a llamarlos, etiquetas. Más adelante lidiaré con los blogs… ¿Por qué el cambio? Primero, porque “tema” – como ya me lo había estado temiendo desde hace un par de entradas – es un término conflictivo que parece algo inflexible y determinante, incluso poco multiplicable. El riesgo era terminar con un tema por pieza. Por eso he optado por buscar menciones, motivos, ideas que más fácilmente recurran a lo largo de las ya casi 500 piezas que tengo en la base de datos. La idea de etiquetas, por otra parte, parece algo más provisional y manejable; no obstante, el punto sigue siendo ver la variabilidad/recurrencia temática expresada en términos menos monolíticos. Las piezas son muy diversas y, por ello, que intriga ver en qué momentos se tocan – tengo mis hipótesis, claro.

Los primeros experimentos con esto funcionaron a medias y me veo ya haciendo cambios a diario. Tengo, por ejemplo tres etiquetas llamadas “Orsai algo”. Por ahora queda muy claro cuál es cuál, pero cuando haya hecho más, lo sé, terminarán sobreponiéndose. Y la de “relación distribuidor-lector lector-lector” lo sé ya, es muy amplia y necesita partirse en dos.

Una sorpresa fue que en las primeras 3-4 piezas surgieron 8-9 de las etiquetas de la lista y, más sorpresa aún, que fueron aplicables para las primeras 15 (hasta ahí voy). Así que, ¿qué es lo que voy viendo, poco a poco? 1) El aparato “meta” está más presente en las piezas de autor (es decir, no la parte editorial: las entradas y las sobremesas) de lo que pensaba. 2) El resultado de esto, es que la separación drástica entre “aparato editorial” y “aparato autorial”, que era muy clara en la medusa, podría desaparecer o, al menos, desvanecerse considerablemente. 3)Es posible que surjan patrones temáticos en cada número, lo cual no es una estrategia abierta de la publicación (no hay issues especiales de nada, supuestamente) y será interesante teorizar las razones de esto si es que es el caso.

En otros temas: Hernán Casciari acaba de anunciar que en el último número de este año, el número 10, incluirá un número de páginas con las fotografías de todos y cada uno de los 5000 suscriptores del 2012. A diferencia del año pasado, durante este 2012, la presencia de los lectores en la publicación impresa había estado manifestada en las “Cartas al director”, pero no en imagen. Me parece un regreso muy acertado a una de las licencias editoriales que, en mi opinión, ayudaron a tejer tan estrechamente la comunidad de lectores que sigue manteniendo el proyecto a movimiento. Ya me las arreglaré para etiquetar esa sección.

Orsai y la metaficción

Muchas cosas en la vida se dan por coincidencia. Eso que ni qué. Y ya que aquí se trata de escribir blogs sobre lectura habrá que escribir sobre leer blogs también.

Hará poco menos de un año que por iniciativa de un profesor un montón de personas en el departamento donde estudio volteamos la mirada a Orsai. La propuesta de formar un grupo de diez para pedir un paquete de revistas venía acompañada del vínculo al blog de Hernán Casciari, frontman del proyecto. La respuesta local a la invitación fue tan sorpresiva como la global. No nos agrupamos diez, ni veinte, sino treinta – en un departamento de más o menos cincuenta. Juan Luis, el profesor que lanzó la invitación, comentaba a través de un póster afuera de su oficina y de un blog “algo raro está ocurriendo”, haciendo eco al propio Casciari. Un par de meses después, cuando ya había toneladas de nieve en el piso, llegó Orsai 1 a las puertas de la universidad. Seguimos el ritual de los lectores alrededor del mundo, nos hicimos fotos con la revista, la olimos, la leímos, organizamos una reunión para hablar de los textos, hicimos más fotos. Y lo mismo para el número dos y, espero, también para el número tres que recibimos hace unas semanas.

Suficiente digresión. Al tiempo de preordenar el número 1 me uní a los miles de lectores del blog de Casciari. Al mismo tiempo mi proyecto de investigación sobre lectores de ficción/metaficción y experiencia de lectura comenzó a cocinarse en este blog y fuera de él. Pero hasta hace muy poco comencé a ver que hay mucho que decir sobre la comunidad internacional de lectores de Orsai en cuanto a su experiencia de lectura y a lo que yo quiero llamar la metaficcionalidad del proyecto. Ahí la coincidencia con la que he comenzado esta entrada.

El punto al que quiero llegar es a que el gran éxito de Orsai, creo yo, se debe a la construcción de un mundo rico de metaficcionalidad – es decir, de formas en las que los lectores pueden ser parte del proyecto. Cualquier persona involucrada de alguna forma con Orsai (a travéz del blog, con la revista, en las redes sociales, en la pizzería y ahora en el bar) está implicada realmente – “vive y experimenta” de primera mano alguno o muchos aspectos de Orsai. Incluso, algunos lectores se han vuelto parte material de la revista por medio de tener su nombre y su fotografía impresos en las contraportadas de los números 1 y 2 respectivamente, o bien en entradas y videos del blog.

La intermedialidad de Orsai – digital e impresa – proporciona una experiencia alargada, una forma de inmersión en el proceso de producción y recepción, que comienza cuando uno considera reunir un grupo de 10, hacer el pedido – y el pago – y luego, esperar algunas semanas, recibir, leer, comentar. No obstante, el aspecto físico del proceso se ve salpimentado, más o menos semana a semana, con las actualizaciones, las noticias, los goteos, las reflexiones, etc. que Casciari publica en el blog. La producción de cada número de la revista se lee como una trama a la que constantemente se introducen nuevos personajes (los autores, por ejemplo) y en la que se exploran nuevos territorios. Hay una expectativa extraña también, una especie de “crónica de una publicación anunciada”, en la que con bastante anticipación los lectores sabemos qué vamos a leer e incluso, a veces, ya lo hemos leído online, pero lo hacemos una segunda vez cuando la copia dura (uso el anglicismo deliberadamente) llega en el correo. O visceversa, después de leer la versión impresa husmeamos los pdf’s para ver cómo se ven. Los lugares físicos, la pizzería y, ahora, el bar, bien se podrán volver mecas (toda proporción guardada) del proyecto, rutas obligadas para los lectores haciendo el tour literario. Aún más, Orsai, sus textos y el proyecto, en general, han sido fuente de escritura – desde los varios autores que han accedido a publicar en la revista una vez que la han leído hasta el gran número de entradas de blog que se encuentran por doquier.

Yo no sé, todavía, si la lectura digital o impresa sean experiencias muy distintas entre sí. Pero si me queda claro que, en el caso de Orsai, la experiencia producida por la combinación de ambas construye un universo extendido – en tanto no depende de una geografía particular y en muchas instancias tampoco temporal – pero que sí ofrece el sentido de inmersión y palpabilidad de la que carece, según muchos críticos de la literatura electrónica, la lectura en medios digitales.