No puedo dejar de leer o los peligros de leer psicología cognitiva de la lectura

Esta mañana descubrí algo: no puedo dejar de leer. La historia fue así. Despierta desde temprano salí a caminar con la perra, contesté correos, eché un vistazo a los encabezados de los periódicos, a facebook, claro. Con el pretexto del día internacional de la mujer, en el NYT encontré una sección, casi una antología, de artículos dedicados a varios temas al rededor de la figura femenina. Algunos me llamaron la atención pero decidí dejarlos para después de regresar del gimnasio. Todo bien. Sin apagar todavía la computadora me amarré las agujetas de los tenis y, en eso, mis ojos se dirigieron al texto del artículo. Antes de siquiera notarlo ya había leído más de la mitad. Leo este y ya – pensé. Regresé al índice de la sección ya poniéndome la chaqueta, lista para salir. Leí la mitad de otro artículo, de verdad sin hacerlo consciente y, entonces, ya a propósito y con toda saña, cerré la computadora, tomé mis llaves y salí.

Eso explica muchas cosas – pensé esperando el autobús unos minutos: constantes revisiones y reescrituras de mi trabajo, de las entradas de los blogs, la compulsión (con la que me peleó todos los días) de introducir notas parentéticas cada dos oraciones (autoironía), por supuesto el que de las primeras cosas que hago en la mañana es tomar un libro y ponerlo junto a mi y (una de mis facetas más autointrigantes), el que cuando me quedo dormida leyendo, en mis sueños sigo oyendo la voz narrativa, argumentativa o lo que sea-iva, a veces con coherencia, a veces, definitivamente no. Incluso, todavía lo estoy pensando, la forma en la que busco las casualidades y causalidades de la vida y pienso en las simultaneidades, como un trama entretejida a lo largo de páginas (o días o semanas). La agencialidad lo llama Brian Boyd – el ver un porqué y/o una voluntad que explica lo que pasa a nuestro alrededor, y que es algo así como el resultado de alguna parte profunda de nuestro cerebro que favorece la narratividad y la permanencia de las religiones.

¿Será acaso que leer mucho hace más narrativas nuestras mentes? Así como convencionalmente se dirá que los matemáticos son más lógicos y los científicos más escépticos. Y si sí, ¿qué quiere decir que seamos más narrativos? ¿que vemos los sucesos del mundo en una serie de relaciones especiales – como explicarnos a nosotros mismos (sin evidencia, además) por qué el camión de la basura no se llevó nuestra basura? ¿que otorgamos mayor significado a ciertos objetos hasta el punto de volverlos “motivos” de algo – como la llamada que alguien no nos regresó y la moneda de $1 que nos encontramos en el parque? ¡La epifanía y sus muchas preguntas! ¡La duda de la claridad!

¡Ah, la sesión de terapia! ¡que ya sea el próximo martes!