Catching up con los lectores

A propósito de las charlas de Kathleen Fitzpatrick en MLA2012 he estado pensando, como ya es mi costumbre, en Orsai. Las preguntas son siempre las mismas, aunque van cambiando de enfoque. ¿Cómo la gente se ha involucrado tanto con Orsai? ¿Económica, personal, emocionalmente? ¿Cómo es que los lectores se han metido hasta la cocina en el desarrollo de Orsai, literalmente, en sus páginas? Y más recientemente con el lanzamiento de editorialorsai.com y como consecuencia de las relaciones antes establecidas ¿Por qué muchos lectores se han enfadado con el nuevo modelo de suscripción?

Posibles respuestas a estas preguntas comenzaron a tomar algo de forma después de leer las charlas de Fitzpatrick. La “chief transformation evangelist” de la MLA como ella misma se denomina, comienza estableciendo que “the profession is already entirely digital. What remains is for us to catch up with what that digitality means, and how it means”. Sin importar que Fitzpatrick se dirija a un selecto grupo de académicos, sus argumentos tocan contundentemente también el quehacer de los creadores, los editores y los lectores. Un proyecto como Orsai que hace un año parecía muy improbable causaba reacciones de escepticismo hasta en Casciari, su propio creador. La conducta de su público era para él “el movimiento espontaneo de los lectores y de los libreros” (mi énfasis) y la frase ya celebre aquí en el CulturePlex Lab que se repetía en pasillos, emails, blogs: “algo raro está pasando” sintetizaba el sentir de curiosidad que nos impulsaba a ordenar nuestra copia, intrigados y con la pregunta en la boca ¿y esto de dónde salió? Al mismo tiempo, Casciari, sin duda, sabía – o muy al menos, intuía – que la tierra estaba fértil para el proyecto, “Personas que descubren, por azar, que hay otros en su zona (quizá a doscientos metros) que tienen los mismos gustos”. La gente, esto ya no se puede dudar, estaba lista para un proyecto como Orsai.

Lo que ha dejado ver el éxito de Orsai, me parece, son pistas a la cuestión de qué significa, o tal vez implica sea una mejor palabra, la “digitalidad”. Por un lado, es la posibilidad de que una comunidad dispersa se conforme a partir de intereses y lenguajes comunes en espacios relativamente simples. En números redondos, cada entrada de blog recibe en promedio cuatrocientos comentarios y su importancia radica en que es ahí donde se establecen las inquietudes de los lectores, sus propuestas y mantienen la máquina andando. La voluntad que han tenido los lectores de financiar un proyecto, más que comprar un producto, ha sido la base sobre la cual Orsai ha mutado tanto, “hace dos meses Chiri y yo lo apostamos todo a un fracaso editorial digno y, por culpa de un movimiento intempestivo de lectores alrededor del mundo, no estamos fracasando en absoluto”. La iniciativa de los lectores, me parece, ha dependido en gran medida de un sentido de confianza, similar al “giving away” y el sentido de buena voluntad que Fitzpatrick elabora en su segunda charla.

Al mismo tiempo, las facetas no digitales de Orsai – la revista impresa y el bar – han dejado ver la importancia que tiene el sustrato no digital para mantener la cohesión de la comunidad. Esto ha saltado a la vista especialmente ahora que el modelo de distribución ha cambiado – de vender revistas individualmente, a vender suscripciones anuales. La dificultad monetaria que para algunos lectores pioneros ha representado este cambio amenaza su acceso no al contenido de la revista, que continuará siendo gratuito en línea, sino al objeto concreto, el token de pertenencia a la comunidad. Y esto, muchos lectores han dejado en claro en sus comentarios de blog, ha sido una fractura de la confianza depositada, la cual Casciari ha buscado enmendar con alternativas que curiosamente también descansan sobre una base de confianza entre distribuidores y lectores. Queda por ver, una vez echado a andar el nuevo año editorial de Orsai, el desarrollo que esto tendrá y pensar en la forma en la que estos nuevos desafíos pueden ser un indicador de distintas conductas digitales/impresas de los lectores.

El comportamiento de los lectores y distribuidores pioneros de Orsai sigue siendo para mi tremendamente intrigante pero, cada vez es más claro, no fue espontáneo, no fue fortuito y, aún a pesar del estirón que Casciari ha dado con el nuevo modelo de suscripción, no creo que las cosas vayan a cambiar de fondo. La fidelidad de los lectores de Orsai, así como la fidelidad de otras audiencias a sus objetos culturales, indica que estábamos listos para proyectos como este. Orsai cayó justo a tiempo y en su lugar ideal. Su aparición constituye una especie de “catch up” como el que propone Fitzpatrick, no en la academia en este caso, sino con los lectores que en palabras de Casciari “viajan a una velocidad superior”.

 

 

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